lunes, 26 de noviembre de 2012



 

POST.9

 
Fiona y Cata en el spa del club de polo.

-         Fi, te veo melancólica, hija. ¿Te pasa algo?

-         Pues sí, Cata, sí. Tengo un problema con Bosco.

-         Ay, ¿si te puedo ayudar?

-         No sé, pero ya que sacas el tema, es que necesito hablar con alguien. Estoy super-agobiada.

-         ¿La niña?

-         Más bien es a raíz de la niña.

-         Cuéntame, mujer. ¿Para qué estamos las amigas?

-         ¿Me juras que no se lo vas a contar a nadie?

-         Fi, por favor, parece que no me conoces.

-         Te conozco, por eso. Claro. Verás: desde que me quedé embarazada de Almudena ya la cosa no es igual con Bosco.

-         ¿La cosa? ¿Qué cosa?

-         La cama, mujer.

-         Bueno, ya sabes, con la maternidad desciende la libido.

-         En su caso no. El sigue como siempre, pero yo no tengo ganas. No me apetece. Se lo hago por hacérselo.

-         ¿Qué me dices? Pero eso no puede ser, hija. Vas a acabar muy mal. Sin marido y sin pretendientes.

-         Ya, eso pienso yo. Yo disimulo, aunque no sé cuánto aguantaré esta situación.

-         Mira, ¿y no será que tras el parto has quedado un poco, digamos, desconyuntada? A veces sucede.

-         No te entiendo.

-         Pues que tal vez tu almejita se ha descompuesto, querida, y precise una recomposición a fondo.

-         ¿Tú crees?

-         Es posible. No serías la primera. Yo de ti lo consultaba.

-         Es que me da vergüenza.

-         Mujer, ¿por qué?

-         No sé, cosas mías.

-         Si quieres le echo un ojo y te digo.

-         ¿Pero tú entiendes?

-         Algo. Mi prima Almudena tuvo un problema parecido y era de eso.

-         Bueno, si quieres …

-         Vamos a ver.

 

(Fi se pone en posición en el spa y Cata la examina).

 

-         ¿Ves algo?

-         (Silencio)

-         Ay, Cata, por favor, dime si ves algo.

-         Pues sí, querida. La tienes fatal. Fa-tal. Está como una goma vieja.

-         Pero si es normal …

-         Normal no, Fi, normal no. Será normal entre las conejas … Quiero decir, entre las madres.

-         Me parece increíble.

-         Si quieres compárala con la mía.

-         Bueno, si me dejas …

(Fi la examina detenidamente y luego se la mira a sí misma con un espejito, comparando con exhaustividad).

-         Ay, Cata –dice llorando-, tienes razón. Se me ha puesto horrible. Espantosa.

-         Lo ves, tonta, lo ves. Pero no pasa nada, eso se arregla. Ahora, ni se te ocurra tener otro crío, porque luego sería peor.

-         Cómo te admiro, Cata. Tú sí que sabes. No me extraña que no quieras tener ningún hijo, con lo que estropea.

-         Y tanto que estropea. Más que trabajar de cajera, y mira que las cajeras tienen varices hasta ahí. Pero lo tuyo … lo tuyo es para correr a urgencias.