POST.9
Fiona y Cata en el spa del club de polo.
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Fi,
te veo melancólica, hija. ¿Te pasa algo?
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Pues sí, Cata,
sí. Tengo un problema con Bosco.
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Ay, ¿si te puedo ayudar?
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No sé, pero ya que sacas el tema, es que
necesito hablar con alguien. Estoy super-agobiada.
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¿La niña?
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Más bien es a raíz de la niña.
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Cuéntame, mujer. ¿Para qué estamos las
amigas?
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¿Me juras que no se lo vas a contar a
nadie?
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Fi, por favor, parece que no me conoces.
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Te conozco, por eso. Claro. Verás: desde
que me quedé embarazada de Almudena ya la
cosa no es igual con Bosco.
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¿La cosa? ¿Qué cosa?
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La cama, mujer.
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Bueno, ya sabes, con la maternidad
desciende la libido.
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En su caso no. El sigue como siempre,
pero yo no tengo ganas. No me apetece. Se lo hago por hacérselo.
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¿Qué me dices? Pero eso no puede ser,
hija. Vas a acabar muy mal. Sin marido y sin pretendientes.
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Ya, eso pienso yo. Yo disimulo, aunque
no sé cuánto aguantaré esta situación.
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Mira, ¿y no será que tras el parto has
quedado un poco, digamos, desconyuntada?
A veces sucede.
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No te entiendo.
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Pues que tal vez tu almejita se ha
descompuesto, querida, y precise una recomposición a fondo.
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¿Tú crees?
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Es posible. No serías la primera. Yo de
ti lo consultaba.
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Es que me da vergüenza.
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Mujer, ¿por qué?
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No sé, cosas mías.
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Si quieres le echo un ojo y te digo.
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¿Pero tú entiendes?
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Algo. Mi prima Almudena tuvo un problema
parecido y era de eso.
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Bueno, si quieres …
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Vamos a ver.
(Fi
se pone en posición en el spa y Cata
la examina).
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¿Ves algo?
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(Silencio)
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Ay, Cata, por favor, dime si ves algo.
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Pues sí, querida. La tienes fatal. Fa-tal.
Está como una goma vieja.
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Pero si es normal …
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Normal no, Fi, normal no. Será normal
entre las conejas … Quiero decir, entre las madres.
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Me parece increíble.
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Si quieres compárala con la mía.
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Bueno, si me dejas …
(Fi
la examina detenidamente y luego se la mira a sí misma con un espejito,
comparando con exhaustividad).
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Ay, Cata –dice llorando-, tienes razón.
Se me ha puesto horrible. Espantosa.
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Lo ves, tonta, lo ves. Pero no pasa
nada, eso se arregla. Ahora, ni se te ocurra tener otro crío, porque luego
sería peor.
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Cómo te admiro, Cata. Tú sí que sabes.
No me extraña que no quieras tener ningún hijo, con lo que estropea.
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Y tanto que estropea. Más que trabajar
de cajera, y mira que las cajeras tienen varices hasta ahí. Pero lo tuyo … lo
tuyo es para correr a urgencias.


