jueves, 10 de enero de 2013




 

 

POST 16

 

-         Pero tú estás pirao. ¿Cómo voy yo a tener un niño? Con lo bien que estoy así. Hecho un chaval. ¿Qué quieres? ¿Qué termine como ese de allí, el de la barriga cervecera con el engendro ese de hijo al lado? Vamos hombre.

-         Ostras, Pel, no te pongas así.

-         Es que pareces mi madre: Pelayo, hijo, que ya tienes 40. A tus años tu padre ya era tu padre y ganó la primera notaría de primera, en Albacete, nada menos.

-         Que en paz descanse.

-         Pero fíjate. Mi padre le llevaba quince años a mi madre. Se casaron con 38 y 23, respectivamente. Y fue tenerme a mí y quedar escarmentado. Mi madre quería darme un hermanito, pero mi padre ni hablar. ¿Cómo voy a tener yo un Pelayito? Me viene en los genes. Eso mi padre, que era un antiguo. Pero yo, un tipo moderno. Además, trader. Si aún fuese notario … Con la vida que llevo es que no puedo.

-         No, si te entiendo. A mí me pasa lo mismo. Todo el día colocando cuadros … que si auctions, que si appraisals, que si exposiciones, que si asesorar sobre dónde colgarlo, … un agobio.

-         ¿Y a ti no te carga tu madre?

-         ¿Por qué lo dices?

-         Hombre, Álvaro, como tu madre coincide con la mía en la adoración nocturna y tu padre era registrador …

-         Pues, algo. No tanto como a ti. ¿Sabes por qué? He adoptado un niño.

-         Ostrassss. ¿Has adoptado un niño? Y no me lo habías dicho. Estás flipao, Álvarito.

-         No, hombre. He adoptado un cholito de esos por correspondencia, que pagas diez eurillos al mes y te mandan una fotito lindísima por Navidad.

-         ¿Y cómo se te ocurrió?

-         Pues fue hace poco en el asador Neguri, cenando con Cayetano. Me lo recomendó. A él le pasaba lo mismo. Bueno, peor. Ya sabes que no hace ni que trabaja. Aún vive de las rentas de las plazas de garaje de su padre. Tiene 287. Es algo mayor que nosotros, pero está hecho un tigre. Hacemos unos paddle surf de vez en cuando. Me invita a la casa que tienen cerca de Tarifa. Una passsada. A lo que iba: como la madre se puso muy pelma con que se iba a perder el apellido paterno –López del Peñascal, sabes-, le coló lo de la adopción y la madre se quedó encantada. Está un poco mayor, la pobre, pero tiene su genio.

-         Bufff. Vaya idea. Pero, mira, por algún lado hay que salir. Yo lo que no me veo es limpiando un culito a las tres de la mañana, con lo bien que se está terraceando en verano con las chavalas. Yo, si termino como mi padre, me da algo. No es vida.
 

 

martes, 8 de enero de 2013



 
 

POST 15
 
               
  
-         Pero tú estás algo loca. ¿Cómo voy yo a tener un niño? Con lo que estropea. Por ejemplo, fíjate en esa.

-         ¿En cuál?

-         En esa. La del bikini anticuado. Esa que va con la niña con manguitos. ¿La ves? Fíjate: esas lorzas, esos rollos, esas grasas, esos colgajos, esa celulitis, … y sobre todo, esas mamas. Es que ya no son pechos, son mamas con estrías. Aggg. Pero qué asco. Y eso que debe ser de mi estatura y poco más de peso. Pero ya está pocha. Pochita, como esas peras pasadas que da grima tocarlas. ¿Sabes lo que te digo?

 

-         Me parece que exageras.

-         ¿Qué exagero? A ver. ¿Cuántos años le echas a esa mamaíta?

-         No sé … cuarenta.

-         ¿Y cuántos me calculas a mí?

-         ¿A ti? ¿A ti?

-         Sí, a mí.

-         Pues … treinta y cinco.

-         Cuarenta y tres, bonita. Cuarenta-y-tres. Y ya ves, como estoy. Ni una estría, ni un rollito, … todo lo tengo en su sitio y muy bien puesto. Pero claro, para esto hay que cuidarse. Dormir tus ocho horas todos los días, hacer tu jogging, tu pilates, tu Bikram yoga, …

-         ¿Tu qué?

-         Tu Bikram yoga. No me digas que no sabes lo que es.

-         Pues no.

-         Pues mira, es lo más. En 90 minutos tienes que hacer 26 posturas en una sala a 40º. Quedas como nueva. La piel te queda tersa. Es una maravilla. Vamos, ni con quince tenía yo este cutis, todo lleno de espinillas y granos. ¿Tú te crees que esa celulítica de la niña podría conseguir este resultado? Primero que no podría, o porque no tiene dinero o porque tiene dinero pero no tiene tiempo. Mira, sin ir más lejos, yo tengo una prima así. Una pobre desgraciada. ATS, sabes, con una niña más o menos de la edad de la de esa, la de los manguitos, y no da, la pobre. Se quedó embarazada, pobrecita. Se estropeó del todo. El padre de la niña, normal, un dermatólogo con consulta privada, además del hospital. Su BMW, su peña gastronómica, sus cosas, ¿me entiendes? Ella toda deteriorada. Y yo diciéndole: tienes que cuidarte un poquito, tienes que cuidarte un poquito. Y ella, es que no puedo, que si la niña hay que llevarla a clase de ballet, que si lenguaje musical, que si revisión de no sé qué, que si hay que dedicarle tiempo y hablar con ella y jugar con ella, ... Y eso que dejó de trabajar. En resumen: es tres años más joven que yo y es una pobre desgraciada.

-         ¿Y él?

-         ¿Quién?

-         Pues el dermatólogo.

-         ¿Él? Pues lo que tenía que ser. Nueva ATS. Coincidimos en la misma Bikram. Y tú me vienes con que tenga un niño. Por favorrrr. ¿Estás tonta o qué?




 
 

 

martes, 1 de enero de 2013



POST 14
¿Soy una mala madre? Por encima. Me está bien empleado, por tonta.

 

Me avisan del cole. El niño ha vomitado y tiene fiebre. Ya no le veía yo buena cara por la mañana, pero a ver qué haces cuando estás pillada entre el jefe de personal, los informes pendientes y con tu marido trabajando a 600 kilómetros. ¡Viva la flexibilidad y la conciliación!

Si me lo tengo merecido, por tonta. Que no está el país para ser madre. Nadie te ayuda, y encima tienes que oír y callar.

-         Carmen, Carmen. Es que no estás centrada. Fíjate en Tamara, como lo da todo, como se entrega.

Claro. Tamara lo da todo y se entrega toda. Todito lo da, no me extraña, tan lozana. Yo, sin dormir y siempre al galope, ¿qué voy a dar? Lástima. Eso. Lástima.

Tengo el corazón a mil. Me he tenido que fugar de la empresa para recoger al niño. Aquí nadie ayuda, ni la Ministra de la Conciliación de Pacotilla. Bla, bla, bla. Si lo llego a saber antes … Me siento como un prófugo del ejército en medio del asalto del enemigo. ¿Y por qué tengo que padecer esta sensación de culpabilidad? Maldita sea.

Llego. Recojo a mi tesoro. Arde. Voy a parar en la farmacia antes de nada. ¡Leches! Nunca hay para aparcar. Nada, lo dejo aquí en doble fila. Es un minutito.

-         Miguel, ¿estás algo mejor?

-         Sí, mamá.

-         Escucha. Quedas en el coche mientras compro la medicina de la fiebre en la farmacia. Vuelvo enseguida. ¿Vale mi amor?

-         No, no quiero quedar solo. Voy contigo.

-         No, no puedes. Es un minutito de nada.

-         Buahhh.
 
 

-         No llores Miguel. Es un ratito. ¿Luego te compro un dino? ¿Sí?

-         Vale –dice enfurruñado.


Pongo las luces de emergencia. Al fin y al cabo es una emergencia. Salgo pitada hacia la farmacia, pero cuando estoy llegando, del portal anexo sale una pareja de jubilados que se acerca a la botica.

-         Oh, no.

No, no y no. Jubilados de primera hora de la mañana no. Tienen todo el tiempo del mundo para explicarle a la farmacéutica lo que les duele y no les duele, y para que la farmacéutica les explique a ellos cómo se toman las pastillas y se diluyen los polvitos del sobrecito.

Corro. A ver si les adelanto. Casi, pero no. Cuando quieren son ágiles como gacelas.

Efectivamente los jubilados comienzan a contar su vida. Él, que si se tiene que levantar a hacer pis durante la noche cada media hora, y que si eso no será un efecto secundario de la Viagra. Su mujer le tira de la chaqueta y él se enzarza con ella diciendo que no hay que avergonzarse, porque en el programa matinal de “Vivir con salud” ha dicho una sexóloga que eso es bueno, que es natural –con 85 tacos-, y que si ella –la jubilada- no está de acuerdo, haberlo pensado antes de animarle a tomar la dichosa pastilla.

Me desespero. Me decido a colarme. Total sólo quiero un Apiretal. Le hago señas a la farmacéutica, pero como no soy tan buena cliente como los jubilados hace como que no me ve. Salgo un momento para ver si pasa algo con el coche y con el niño. Me acerco a verlo por la parte trasera. Está bien.

Regreso tan rápido como antes a la farmacia. Ha llegado otro jubilado. Dios mío, ¿pero no tienen otra cosa que hacer?

-         Perdone, estaba yo detrás de estos señores. Es que tengo un niño con fiebre en el coche.

-         Pues ahí no puede estar el coche. Molesta. Ayer la grúa se llevo dos mientras estaba aquí sobre esta hora.

-         Sería una casualidad.

-         Sería. Pero yo de usted lo quitaría de ahí.

El jubilado de la Viagra sigue explicando que nota como unas gotitas que se le van a salir, y que al ir al baño sólo le sale una, y eso haciendo fuerza. La farmacéutica le dice que es mejor que consulte con su urólogo, pero el jubilado le responde que va a probar una semana más, que a lo mejor es que no está adaptado. Le pregunta si es mejor que se tome la pastilla a diario,  antes o después de cenar. La farmacéutica le dice que mejor en días alternos y después de cenar, pero que no cene mucho, porque si el estómago trabaja entonces la cosa se complica y no hay presión suficiente.

Lo que hay que oír. Voy a intentar pedir mi Apiretal para el niño, pero la jubilada se pone a cuchichear con la farmacéutica.

-         Lo mejor para eso es un gel lubrificante. Ahora le traigo uno.

-         ¿Y lo cubre el seguro?

-         Pues no, Doña Virtudes. No lo cubre.

-         Entonces deje. Me llevo unas pastillas de las mías para dormir. Me las apunta, porque desde que este hombre quiere fiesta es que no pego ojo. Ay, hija, que ya no estoy en edad.

Pues quién lo diría con los abueletes. El otro jubilado se intenta colar. Le voy a cortar pero me suena el móvil. Es Tamara. Tengo que cogerlo.

-         ¿Sí?

-         Carmencita, ¿pero dónde estás? Don Alberto te anda llamando por un pedido que no se ha entregado.

-         Es que me han llamado del colegio, porque tenía al niño con fiebre.

-         ¿Otra vez?

-         ¿Cómo que otra vez? Si desde antes del verano no tuvo nada.

-         Pero es que siempre tienes rollos con el niño. Es que así los demás tenemos que hacer lo que tú no haces. No hay derecho.

-         Tamara, por favor, es un momento. Hazme este favor. Entra en mi ordenador y allí lo encuentras. Está en la carpeta de pedidos, y dentro hay subcarpetas por meses. No tiene pérdida.

-         Te la estás jugando, Carmen. Mira, tú no eres la única que tiene un hijo. Por ejemplo Dolores, la de garantías, tiene una niña y no se escaquea tanto como tú.

-         Es que Dolores tiene chica en casa, pero a mí no me alcanza.

-         Lo que tú quieras, pero ella se ha buscado la vida. Te lo hago por esta vez.

-         Gracias. Eres una amiga.

Maldita pécora. Seguro que le va con el cuento a Don Alberto. Y por encima el otro jubilado se ha colado con todo el morro.

Entonces oigo un claxon fortísimo. Salgo de la farmacia. Es un autobús que no puede pasar por culpa de mi coche. Los coches de detrás también comienzan a pitar. El otro jubilado ya termina y me toca a mí. ¿Qué hago? ¿Salgo o pido el Apiretal? Pido el Apiretal. Lo primero es mi hijo, que hijo sólo hay uno en la vida, porque la experiencia es como para repetir.

-         ¿En qué formato? –pregunta la farmacéutica.

-         ¿Cómo en qué formato? Pues en el normal para un niño de cuatro años.

La farmacéutica va a buscar el Apiretal. Entonces la llaman a ella y atiende la llamada.

-         Mire, es que tengo prisa. Tengo el coche en doble fila y al niño dentro.

-         Pues debe tener cuidado con eso. Espera que ahora te llamo yo. Tengo una clienta con prisa. Sí. Sí, que llamo yo. Es que faltaban varias cosas en el último pedido. No, no tengo aquí la lista. Ya llamo en un minuto, ¿conforme?

 Y asomo la cabeza. Ya ha llegado un guardia. Parece estar avisando a la grúa. Se acerca otro guardia. Ay, Dios mío.
 
 

-         Señora. Su Apiretal.

-         Vengo ahora, un momentito por favor.

Salgo como el rayo. El niño está llorando como un loco, rojo y sofocado. Sus gritos se oyen fuera. Patalea. Los guardias hablan de romper la ventanilla para sacarlo del coche.

-         No, no. Ya estoy aquí.

-         Pero señora, ¿qué ha hecho? ¿Cómo deja al niño aquí solo? ¿Pero qué clase de madre es usted?

Me controlo. Me controlo. Contrólate, Carmen. Contrólate. Debiera haber ido a clases de yoga como Tamara, pero no puedo, no tengo tiempo y el dinero del yoga se va en la clase de natación del niño. Si aún por encima resulta que soy una mala madre. Tengo ganas de llorar, de gritar, de llorar y gritar, y de arañar al guardia.
 
 

-         Es que tengo al niño con fiebre y he tenido que parar en la farmacia.

-         Pues peor, ¿cómo deja solo a un niño enfermo? ¿Le parece bonito? Y encima montando este bote. Mueva el coche y deténgase luego en aquel vado, que vamos a ponerle una receta y el enganche de la grúa.

-         ¿Qué grúa? No veo ninguna.

-         La que viene de camino. Es que nunca escarmientan.

Oh, no. El móvil vuelve a sonar, y es el número de la secretaria de Don Alberto. La muy zorra de Tamara se lo ha dicho.

-         Mueva el coche. Venga, venga.

Abro la puerta del niño. Le doy un beso.

-         Mami, mami, ¿por qué no venías?

-         Nada mi amor, ya estoy aquí. Tranquilízate.

Cierro su puerta. Abro la mía. El móvil sonando. Don Alberto. Maldita Tamara. Cuelgo. Oh, cielos, ¿qué tontería he hecho? Son los nervios. Se me cae la llave entre el asiento y el freno de mano. No la doy cogido. El móvil vuelve a sonar. Don Alberto. No, por favor. La llave. No la doy cogido. Suena. Suena. Qué asco de musiquita. Mi corazón: bum-bum, bum-bum.

-         Mami, ¿qué haces?

-         ¡¡¡¡¡ Nada !!!!! No hago nada !!!!!!

El niño vuelve a llorar. Bajo del coche para ver si alcanzo la llave. El móvil sigue sonando. No puedo colgar de nuevo. Sería el final.

-         Pero señora, ¿qué hace? ¿No le he dicho que mueva el coche? Y tranquilice a ese niño, que se está poniendo muy colorado. Habrase visto.

-         Ya voy, es que se me ha caído la llave.

El móvil suena. El móvil suena. El móvil suena. Ya casi le llego a la llave. A ver si con un boli. ¿Dónde hay un boli? Mi reino por un boli. O por un lápiz, o por un palito. ¿Y con el móvil? El móvil suena. El niño llora. El guardia grita. No aguanto más.

-         Diga.

-         Carmen. ¿Por qué no me coge el teléfono? Don Alberto quiere hablar inmediatamente con usted. Le paso.

-         No, ahora no pue …

-         Carmen. ¿Dónde está usted?

El del autobús comienza a pitar como un loco, y después otro y otro coche.

-         ¿No está usted en el edificio? ¿Está usted en la calle? ¿Qué está haciendo?

-         Es que …

-         Es que nada. Es que nada. Menos mal que Tamara está para todo. Pero hay una cosa que ella no me puede explicar del pedido de la Schartek, y claro usted no está disponible.

-         Sí estoy, Don Alberto.

-         Mueva el coche. ¿Pero qué hace hablando ahora por teléfono?

-         Mami, vámonos mami.

-         Carmen, ¿dónde está usted?

-         Estoy en un atasco.

-         ¿En un atasco? Y ese niño que llora.

-         Es mi hijo. Es que tuve que recogerlo …

-         Mire Carmen. Ya he tenido bastante paciencia con usted. Lleva cuatro años siendo muy informal. Antes era usted más seria. Pero todo tiene un límite. ¡Se va a recoger a su hijo! ¡A las diez de la mañana! Ya que tanto le gusta recoger, recoja usted su finiquito cuando llegue. Está DESPEDIDA !!!!.

-         Don Alberto. Don Alberto ...

El guardia me grita. El otro guardia me chilla. Todos los coches me pitan. El niño llora como si fuese huérfano. Hasta los jubilados de la farmacia se han acercado.

-         Esto es una vergüenza. Y ese pobre niño. Vaya madres –dijo la jubilada víctima de la Viagra.

Y yo me quiero morir. Por tonta, tonta, más que tonta.

 
 

martes, 11 de diciembre de 2012



 

 

POST 13

 

¿Tener un hijo? No seas imbécil: Tu economía es lo que importa.

 

It's the economy, stupid.

 

No lo digo yo, lo dijo Bill Clinton, que no es tan listo como Angela Merkel pero casi, porque a pesar de su insaciable fogosidad, siempre presto a desenfundar ante cualquier falda que se moviese, se las ingenió para tener únicamente una niña.

 

El caso es que las personas inteligentes se preocupan por su economía personal y, si hubiera tiempo, ganas y posibles pingües beneficios,  también por la economía nacional. De ahí que solo los ignorantes, lelos, derrochadores, pródigos y maleantes pasen de la economía y se pongan conejilmente a tener niños. Además, es que estos humanoides roedores son anti-patriotas, provocándole al Estado una enorme serie de gastos a causa de su insensatez.

 

¿Pruebas? Veamos. Según el II informe de la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU), un crío podía haberte costado en 2006, en España:

 

Ø De 0 a 1 año: Entre 7.132 y 11.238 € => Media 9.185 €

Ø De 1 a 3 años: Entre 7.510 y 11.470 € por cada año. => 9.490 €/año

Ø De 3 a 6 años: Entre 4.820 y 14.129 €/año. => 9.474’5 €/año

Ø De 6 a 12 años: Entre 4.555 y 17.774 €/año. => 11.164’5 €/año

Ø De 12 a 15 años: Entre 5.372 y 17.675 €/año. => 11.523’5 €/año

Ø De 15 a 18 años: Entre 6.589 y 21.680 €/año. => 14.134’5 €/año.

 

O séase, extrapolando hasta que la criatura fuese mayor de edad, a precios constantes de 2006 :

 

 9.185 + (9.490 x 2) + (9.474’5 x 3) + (11.164’5 x 6) + (11.523’5 x 3) + (14.134’5 x 3) = 9.185 + 18.980 + 28.423’5 + 66.987 + 34.570’5 + 42.403’5 = 200.549’5 €.

 

!!!!!!!!!!  200.549’5 € del año 2006 ¡¡¡¡¡¡¡¡¡

 
 

Enhorabuena si todavía no eres progenitor-derrochador. Mira lo que te has ahorrado, y eso sin sumar el lucro cesante que induce un crío.

 

Si a eso le añades la inflación acumulada, lo que rentaría ese dinero capitalizándolo  y que el niño no se va de casa ni con agua caliente hasta los 30 tacos, para regresar a los 40 con un hijito tras su primer divorcio, resulta fácil que el coste de tu primogénito alcanzase el MEDIO MILLÓN DE EUROS !!!!!!!!!!!

 

Y si fuese solo esto … Pero como uno es patriota y no quiere endeudar más a la patria –bueno patria no, que viene de pater-, digo que no quiere endeudar más a la nación –uy, nación tampoco, que viene de nascere/nacer/nacimiento- (el idioma de los antiguos tontos lo impregna todo, qué asco), como uno es un patriota, insisto, tampoco quiere que un niño obligue a sumarle al gasto público el coste de la plaza escolar y universitaria, pongamos 6.000 euros/año => 20 años (si no repite el taruguillo) x 6.000 € = 120.000 € de gasto público escolar por niño, hasta que se gradúa en la universidad.

 

Si luego hace el doctorado, porque no sirve para otra cosa, súmale otros 24.000 euros de gasto público.

 

Más luego sus vicios, como pediatras, metro cuadrado de parque infantil que se podría dedicar a especular, digo a invertir –en qué estaría pensando-, animadores municipales para las vacaciones escolares, monitores de tiempo libre, dibujos animados en la ruinosa TV pública para que no den la brasa, …  Otra ruina para el Estado.

 

Además está el tema de las desgravaciones fiscales. Aún por encima, por cada niño que tengan los tontos de los padres se desgravan un par de cientos de euros que, oye, sumados, son una pasta. Por fortuna son lo suficientemente estúpidos como para conformarse con 300, 600 ó 1.000 euros de desgravación, cuando ellos se gastan hasta diez veces más por niño, pero mejor que no se enteren. Bueno, si se enteran tampoco pasa nada, porque su conato de cerebro les impide entender la economía, que solo está al alcance de mentes privilegiadas como las nuestras.

 

Pues no. Así no salimos de la crisis, por culpa de la falta de sesera de quienes tienen niños. Hala a tener hijos, hala a arruinar al país con más déficit público. Y por encima no son flexibles en el trabajo. Que quieres mandar a un padre de la planta de Bilbao a la de Cádiz durante un par de meses, pues ya te viene con que no puede, porque tiene que cambiar al niño de cole, que si va a perder el curso. Excusas. Excusas de vagos, vagos que tienen al niño para no trabajar y para vivir del momio de la desgravación fiscal, las becas y otras ayudas que les da el Estado.

 

Ah, ¿que el Estado casi no les da nada? Pues bien hecho, porque con los gastos que le generan al Estado como para por encima darles ayudas.

 

Así no se levanta el país. No señor. Que aprendan de los buenos ciudadanos. Los Kinderlos, como Angela Merkel. It's the economy, stupid. Nosotros, los patrióticos Kinderlos consumimos y ahorramos. Estimulamos la demanda y la inversión, y aún tenemos dinero de sobra para ayudar al tercer mundo gracias a nuestros safaris en Kenia y nuestras escapadas a Mauricio y Bali. Nosotros sí que somos verdaderos patriotas.

 

Pero con estos imbéciles no hay manera. Lo que tendría que hacer el Gobierno es ponerles una tasa bien gorda por cada hijo que tengan, y no pagarles nada, ni pediatra, ni comadrona, ni escuela, ni universidad, ni nada. Habrase visto, hombre, arruinando al país y encima pidiendo.

 

¿O no es cierto?