miércoles, 21 de noviembre de 2012




 

POST.7

 

-         Niñas, niñas !! ¿Sabéis? Lorena aún no se las ha puesto.
 
 

 

-         ¿Qué dices? Pues las tiene tan rotundas que no parecen naturales. Será guarrilla !! No me lo creo, te juro que no me lo creo.
 
 
 
-         Que no, que no. Os lo juro por bradpit. Ayer coincidí con ella en el urban-spa de los padres de Pitina y me dejaron tan impresionada que se lo pregunté en las duchas. Le dije, “ay, Lorena, qué bien te las han dejado. ¿Quién te las ha puesto?” Y sabéis qué me respondió: “¿Quién me ha puesto qué?”. Os imagináis. Y yo le digo, “¿qué va a ser? Las tetas. Te las han dejado de cine.” Y va ella y me contesta: “No, no me han puesto nada. Son naturales cien por cien. ¿A qué están bien?”.


-         Encima de cochina es una mentirosa. Men-ti-ro-sa.

 

-         Que no, que no, que es cierto.

 

-         Pues debe ser la única que conozco del paddle que no se las ha hecho. A ver niñas, ¿quién de aquí no se las ha hecho? Que levante el dedito.
 
 
 
 



Y nadie levanta ningún dedito. Las cinco treintañeras se ríen.

-         Lo veis. Si aquí somos cinco y las cinco nos las hemos hecho. Es que la gente normal se las hace. Serán las mileuristas las que no se las hacen porque no pueden.

 
-         Pues yo no sé si hice bien.


-         ¿Es que no te gusta cómo te las han dejado?
 

-         No es eso, no. Es que desde hace unos meses mi madre me machaca con lo de que le dé un nieto.
 

-         Oye, pues le regalas un perrito. Los hay tan monos y cariñosos.
 

-         Creo que no va a colar. 

-         Pues ni caso, hija. ¿Tú sabes lo que estropea tener un niño? Estarías loca. Después serías una foca celulítica. Quita, quita. 

-         Ya, eso mismo pienso yo. Pero me anda dejando caer que igual sólo me deja la legítima. 

-         Caray, esas son palabras mayores.

-         Y encima me agobia con que a los niños hay que darles el pecho durante los primeros meses. Y claro, me angustia pensar en si puedo dar de mamar con toda esta silicona aquí dentro.

Las otras cuatro se miran incrédulas entre sí.

-         A ver, Victoria, céntrate. Es que aunque pudieras dar de mamar estarías loca si lo hicieses. ¿Tú sabes lo que destroza eso? Nuestra chica de las mañanas lo hacía con su niño y la pobre hasta sangraba. Le pasaba eso de las vacas: mastitis. Tú estás mal, pero que muy mal. Si te deshereda que te desherede, que no lo va a hacer, que para eso eres su ojito derecho. ¿Pero tener un niño? ¿Quién te va a mirar después? Ni tu marido, fíjate lo que te digo.

 
-         Victoria. Dile a tu madre que apadrine un niño de esos que anuncian. Pero con lo que te ha costado modelar este body, ¿vas a dejar de lucir tus Valentino’s con tus Jimmy Choos? Tonta serías.

Victoria suspira y dice, acariciándoselas:

-         Menos mal que tengo unas amigas estupendas. Tenéis razón. ¿Cómo estropear esta obra de arte? Que dé de mamar Lorena, con sus tetra-briks naturales. Ya se operará después, ya, pero luego sólo te harán una chapuza. ¿Os acordáis de María? 

-         Uy, sí, calla. Pobre. Era tan mona, pero tuvo al engendro ese de niño y mírala ahora. Un adefesio. No me extraña que Rodrigo la abandonase por otra.


-         Ni a mí. Es que sólo las tontas tienen hijos.
 

-         Ahí has hablado. Camarero, pónganos otra de Moët.